Cuestion religiosa

Vivir una Cuaresma de Caridad

Queridos hermanos, la pandemia que nos ha tocado y toca aun vivir ha sacudido por completo nuestras vidas. Es como si estuviéramos encerrados por un virus que nos persigue, pero confiados que detrás del túnel siempre hay esperanza, luz, sale el día, experimentamos la solidaridad de Dios a través del cariño y el cuidado de los que nos rodean.

Vivimos con una sensación de gran incertidumbre, lo que nos lleva a ver que las seguridades que nos habían prometido son mucho más frágiles de lo que creíamos.

Y a pesar de todo esto, el tiempo de la Cuaresma, debe ser para todos nosotros "un despertador para el alma", como bien la definió una vez el Papa Francisco, que nos invita todos los años a redescubrir la ruta de nuestras vidas, porque en el camino de la vida, como en todo viaje, lo que realmente importa es no perder de vista nuestra meta.

Sin embargo, cuando uno está de viaje, si lo que interesa es mirar el paisaje o pararse a comer, no se va muy lejos, de ahí la necesidad de reconsiderar esa meta...

El gesto de la imposición de las cenizas que da comienzo a la Cuaresma representa nuestros pensamientos sobre cosas transitorias, que van y vienen. Así, la ligera capa de ceniza que recibimos nos dice, con delicadeza y sinceridad, que de tantas cosas que tenemos en la mente, detrás de las que corremos y nos preocupamos cada día, nada quedará.

Por mucho que nos afanemos, no nos llevaremos ninguna riqueza de la vida, porque las realidades terrenas se desvanecen como el polvo en el viento... ¡los bienes son pasajeros, el poder pasa, el éxito termina!

Vivimos en un tiempo y en una sociedad que podemos definir como la cultura de la apariencia, que nos lleva a vivir por las cosas que pasan, siendo como una llamarada, ya que una vez que termina, solo quedan cenizas.

La Cuaresma, queridos Amigos, es ese tiempo de gracia que nos ayuda a liberar nuestros corazones de la vanidad, y que nos ayuda a fijar nuestras miradas en lo que permanece. En breves palabras en Cuaresma hay que mirar la cruz de Jesús que nos enseña la renuncia llena de valentías, pues nunca avanzaremos si estamos cargados de pesos que estorban.

Este tiempo fuerte de la liturgia que nos regala la Iglesia comienza como ya lo he dicho con la ceniza pero al final nos lleva al fuego de la noche de Pascua donde descubrimos que en el sepulcro, la carne de Jesús no se convierte en ceniza, sino que resucita gloriosamente.

Y esta realidad se aplica también a nosotros, que somos polvo si regresamos al Señor con nuestra fragilidad, si tomamos el camino del amor, si abrazamos la vida que no conoce ocaso, de ahí que si el corazón adhiere a lo que no pasa, nos encontraremos a nosotros mismos y así, ¡seremos libres!

Padre Marcelo