Cuestion religiosa

Reflexiones desde la filosofia...

En estos momentos resulta todavía difícil vislumbrar el día en que la pandemia del COVID-19 devenga un recuerdo del pasado. Las consecuencias de esta crisis global, que afecta a todos y no entiende de nacionalidades, etnias, convicciones o patrimonios, son difíciles de imaginar. Pero cuando llegue ese día, ¿habremos cambiado sustancialmente? ¿o la sociedad volverá a sus inercias actuales?

Cuesta concebir un peligro social potencialmente más instructivo por su carácter igualitario que la incomparable amenaza del coronavirus. Se trata de una cuestión global que no puede abordarse con eficacia recurriendo a recetas locales y que precisa de una cooperación universal desde una óptica cosmopolita.

Aunque no sea este el momento para reivindicaciones ideológicas o sociales, al menos hasta rendir al adversario, esta crisis puede ayudarnos a cambiar nuestra mirada sobre ciertas cuestiones de una gran importancia.

Esta crisis carente de precedentes puede hacernos comprender que la actual desigualdad social no es sostenible a medio y largo plazo y así hacernos revisar nuestro desfallecido aprecio por la moral del esfuerzo. También puede contribuir a que cobremos una mayor conciencia sobre los problemas del cambio climático. Que resulta mucho más rentable para todos invertir en ciencia e innovación, cultura y educación, además de dotar al sistema sanitario con los recursos apropiados.

Debemos hacer un ejercicio simultáneo de responsabilidad individual, y social. Para no contagiarnos y no propagar la epidemia. Salvar nuestras vidas es una prioridad indiscutible y en contadas ocasiones un desafío como el que estamos viviendo nos plantea que todos nos lo jugamos todo al mismo tiempo.

No faltará quien experimente la tentación de aprovechar esta calamidad para lucrarse, sin embargo, la crisis del COVID-19 podría generar una catarsis colectiva propiciadora de cambios muy significativos en un orden social donde resulten más complementarios el interés personal y los intereses colectivos. Los inexpugnables muros de Troya no contuvieron el astuto plan ideado por Ulises, de modo que aprovechemos esta inusitada coyuntura para reflexionar sobre nuestros intereses y revisar nuestra escala de valores y así poder redescubrir los inmensos réditos de la solidaridad.

Es muy posible que casi nada sea como antes. Porque sin duda nos encontramos ante un punto de inflexión desde una perspectiva social. Ante uno de esos grandes hitos que jalonan la historia. Puede darnos mucho que pensar y el tiempo para reflexionar con serenidad ...