kath: bienne

Cuestion religiosa

La sonrisa de Dios

Queridos hermanos, este 2020 llegará a su fin con las fiestas navideñas más insólitas que se recuerden. Toca pues, reinventar la Navidad y adaptarlas a las limitaciones que nos impone la pandemia dejándonos sorprender por la sonrisa de Dios.

Y esto ocurrió en una manera única entre María y José, y Jesús. La Virgen y su esposo, con su amor, hicieron surgir la sonrisa en los labios de un niño apenas nacido. Y cuando ocurrió, sus corazones se llenaron de una nueva alegría, venida del Cielo.

Jesús, en estos tiempos difíciles que nos toca vivir, debe ser para cada uno de nosotros “la sonrisa de Dios”, porque viene a darnos el amor del Padre. Su mensaje fue acogido por María y José que habían reconocido en su sonrisa la misericordia de Dios para ellos y para todos aquellos que esperaban el Mesías, para toda la humanidad…

Hoy, más que nunca, en el pesebre, revivamos también nosotros esta experiencia mirando al Niño Jesús, sintiendo que allí Dios nos sonríe y arropa con su infinito amor.

Al igual que a los discípulos del Evangelio, nos sorprendió una tormenta inesperada y furiosa, llamada Covid-19. Nos dimos cuenta de que estábamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados, pero, al mismo tiempo, importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos, todos necesitados de confortarnos mutuamente. En esta barca, estamos todos. Y como esos discípulos que hablan con una única voz y con angustia dicen “pereceremos”, también nosotros descubrimos que podemos seguir cada uno por nuestra cuenta, sino solo juntos. Nadie se salva solo, pero sí por medio de este Dios hecho Hombre en la persona de Jesús.

Esta nuestra humanidad herida puede convertirse en la oportunidad propicia “para volver la mirada en Aquel que nos dio la Vida”, una oportunidad para recuperar nuestra libertad interior despojándonos de todo aquello que es superficial en nuestras vidas y que nos impide alcanzar la verdadera felicidad, siendo en las tribulaciones de la vida cuando los cristianos podemos percibir de una manera más concreta la presencia de Dios y de sus palabras.

Que el Emmanuel sea luz para toda la humanidad herida. Que ablande nuestro corazón, a menudo endurecido y egoísta, y nos haga instrumentos de su amor. Que, a través de nuestros pobres rostros, regale su sonrisa a toda la humanidad. Que, a través de nuestros brazos débiles, cure particularmente a los enfermos víctimas de esta pandemia. Que, por nuestra frágil compañía, esté cerca de las personas ancianas y solas, de los más débiles y abandonados. Que, en esta Navidad, conceda su ternura a todos, dejándonos sorprender de sus sonrisas.

¡Mis mejores deseos a todos de una Feliz y Serena Navidad!

P. Marcelo