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Cuestion religiosa

La Fiesta del Corpus Christi

Queridos hermanos, tras el tiempo fuerte del año litúrgico, que centrándose en la Pascua se extiende durante tres meses, la liturgia nos permite celebrar tres fiestas que tienen un carácter " sintético ": la Santísima Trinidad, el Corpus Christi, y por último el Sagrado Corazón de Jesús.

Quisiera centrar mi reflexión en el significado de la solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo. Y para ello debemos partir de una figura femenina, poco conocida, pero a la cual la Iglesia debe un gran reconocimiento, no solo por su santidad de vida, sino también porque, con su gran fervor, contribuyó a la institución de una de las solemnidades litúrgicas más importantes del año, la del Corpus Christi. Se trata de Santa Juliana de Cornillón, conocida también como Santa Juliana de Lieja, la cual después de haber experimentado varias visiones en sus adoraciones eucarísticas, Juliana reveló la necesidad de una fiesta en la que los creyentes pudieran adorar la Eucaristía para aumentar la fe, avanzar en la práctica de las virtudes y reparar las ofensas al Santísimo Sacramento.

 

 

Fue precisamente el Obispo de Lieja, Roberto de Thourotte, quien acogió la propuesta de Juliana e instituyó por primera vez la solemnidad del Corpus Domini en su diócesis (1246), siendo el Papa Urbano IV quien en 1264 instituyó esta solemnidad como fiesta de precepto para la Iglesia Universal, el jueves sucesivo a Pentecostés.

El Pontífice mismo quiso dar ejemplo, celebrando la solemnidad del Corpus Christi en Orvieto, ciudad en la que vivía entonces, pidiéndole a uno de los mayores teólogos de la historia, Santo Tomás de Aquino, que compusiera los textos del oficio litúrgico para esta gran fiesta. Aunque después de la muerte de Urbano IV la celebración de la fiesta del Corpus Christi quedó limitada a algunas regiones de Francia, Alemania, Hungría y el norte de Italia, otro Pontífice, Juan XXII, en 1317 la restableció para toda la Iglesia. Desde entonces, la fiesta ha tenido un desarrollo maravilloso, y todavía es muy sentida por el pueblo cristiano, donde la participación de los fieles en cada procesión eucarística del Cuerpo y la Sangre de Cristo es una gracia del Señor que llena de gozo el corazón de cuantos participan en ellas.

Queridos amigos, la fidelidad al encuentro con Cristo Eucarístico es esencial para el camino de fe ya que en la Hostia consagrada el don del amor de Dios cambia nuestras vidas, y Aquel ante el que nos postramos, no nos juzga, no nos aplasta, sino que nos libera y transforma.

P. Marcelo