kath: bienne

Cuestion religiosa

Cuando parece que el fin se acerca.... ¿Que hemos aprendido de esta pandemia?

Muchos creen que todo este tiempo de pandemia que nos ha tocado vivir haya sido un tiempo perdido e incluso para el olvido. Y puede que tengan razón...

Nos tocó reaprender a hacer lo que antes parecía inmodificable. Sin amigos, ni movimiento, perdiendo de manera voluntaria nuestro derecho y bien más preciado: la libertad. Con la orden de quedarnos lo más posible en casa, el mundo se encerró, y con el encierro llegaron los problemas de los espacios confinados, de la cercanía, etc....

Ciertamente, fue un tiempo en el que cambiamos nuestra vida cotidiana y a la fuerza prioridades, hasta los más pequeños placeres. Y si no fue por la enfermedad, o una pérdida irreparable, lo fue por el susto y el miedo al contagio, a la discriminación... Esto nos llevó a tomar conciencia que nunca se olvida lo que te cambia. Y en todo este tiempo hubo cambios de lo que hasta ahora conocíamos.

También se cayeron varios y viejos paradigmas como el de trabajar en la casa o hacer otras cosas a las que no estábamos acostumbrados. Algunos lo llaman prueba y en cualquier caso, se puso también en tela de juicio las convicciones y la fe.

Podríamos creer falsamente que la pandemia nos quitó la posibilidad de soñar, porque no pudimos hacer planes, y eliminó cosas que nos hacen verdaderamente felices, como estar en familia para un cumpleaños tomar café con los amigos, compartir momentos, etc...

Algunos dijeron que es como si Dios nos hubiera abandonado. O como si nos hubieran robado la posibilidad de soñar. Y ni lo uno ni lo otro, ya que la mano de Dios está siempre presente en la vida del hombre, lo sostiene, aun sin que él lo note. Y es la esperanza la que nos mantiene vivos en las más duras condiciones. Por eso, es ahora más que nunca, que debemos soñar, porque de lo contrario no podremos lograr nada.

Tenemos que volar y eso implica un compromiso colectivo, y sobre todo individual. Esta pandemia nos ha enseñado que tenemos que reprogramar nuestras vidas y nuestra sociedad. Tenemos que creer que la vida puede mejorar, y debemos llenarnos de valor y de esperanza, y así seguir soñando por los que soñaron y hoy ya no están.

Descubrimos que tenemos que revisar nuestros miedos y vivencias, repensar las cosas por las que vale la pena gastar la vida, es decir la riqueza familiar, dando mayor prioridad de nuestra atención, y también ser conscientes que debemos generar en nosotros mismos cambios para ser más éticos en nuestras acciones del día a día...

Padre Marcelo