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La Pandemia va remitiendo, y poco a poco vamos recuperando el ritmo normal de vida. Me pregunto si nos habrá hecho reflexionar esta realidad tan dura que hemos vivido (y estamos aun viviendo) durante estos largos meses. ¿Seremos capaces de reconocer en nosotros mismos y en nuestros hermanos la fragilidad humana, la vulnerabilidad de esta sociedad nuestra? ¿Sabremos ver lo importante que es la solidaridad y la cercanía?

Este día ha caído en mis manos un artículo del Papa Francisco y según lo iba leyendo me iba conmoviendo. Cuanta verdad se haya en su contenido.

Me permito transcribirlo aquí, para los lectores del Angelus, con la esperanza de que os guste tanto como a mí.

J.L. Marcos

"No podemos permitirnos escribir la historia presente y futura de espaldas al sufrimiento de tantos. Es el Señor quien nos volverá a preguntar "¿dónde está tu hermano?" (Gn, 4,9) y, en nuestra capacidad de respuesta, ojalá se revele el alma de nuestros pueblos, ese reservorio de esperanza, fe y caridad en la que fuimos engendrados y que, por tanto tiempo, hemos anestesiado o silenciado.

Si actuamos como un solo pueblo, incluso ante las otras epidemias que nos acechan, podemos lograr un impacto real.

¿Seremos capaces de actuar responsablemente frente al hambre que padecen tantos, sabiendo que hay alimentos para todos?

¿Seguiremos mirando para otro lado con un silencio cómplice ante esas guerras alimentadas por deseos de dominio y de poder?

¿Estaremos dispuestos a cambiar los estilos de vida que sumergen a tantos en la pobreza, promoviendo y animándonos a llevar una vida más austera y humana que posibilite un reparto equitativo de los recursos?

¿Adoptaremos como comunidad internacional las medidas necesarias para frenar la devastación del medio ambiente o seguiremos negando la evidencia?

La globalización de la indiferencia seguirá amenazando y tentando nuestro caminar... Ojalá nos encuentre con los anticuerpos necesarios de la justicia, la caridad y la solidaridad.

No tengamos miedo a vivir la alternativa de la civilización del amor, que es una civilización de la esperanza: contra la angustia y el miedo, la tristeza y el desaliento, la pasividad y el cansancio.

La civilización del amor se construye cotidianamente, ininterrumpidamente. Supone el esfuerzo comprometido de todos. Supone, por eso, una comprometida comunidad de hermanos".

"Papa Francisco"