¿Por qué la Iglesia propone cada año como principal compañero de viaje durante este tiempo la figura de Juan Bautista? ¿Qué se esconde detrás de la severidad, detrás de su aparente dureza? ¿Cuál es el secreto de Juan? ¿Cuál es el mensaje que la Iglesia nos da hoy con Juan?
En realidad, el Bautista, más que un hombre duro, es un hombre alérgico a la duplicidad. Juan nos hace reflexionar y preguntarnos si no seremos también nosotros, a veces, un poco como los fariseos que presumían de superioridad. También nosotros, muchas veces, podemos mirar a los demás por encima del hombro, pensando que somos mejores que ellos, que tenemos nuestra vida en nuestras manos, que no necesitamos cada día de Dios, de la Iglesia, de nuestros hermanos. Olvidamos que solamente en un caso es lícito mirar al otro de arriba para abajo: cuando es necesario ayudarlo a levantarse.
«El Adviento es un tiempo de gracia para quitarnos las máscaras y ponernos en fila con los humildes; para liberarnos de la presunción de creernos autosuficientes, para ir a confesar nuestros pecados, aquellos escondidos, y recibir el perdón de Dios, para pedir perdón a los que hemos ofendido. Así comienza una nueva vida» (Papa Francisco).
Y para iniciar una nueva vida, el camino es uno solo, el de la «humildad»: purificarnos del sentido de superioridad para ver en los demás a los hermanos, y en Jesús ver al Salvador que viene por nosotros, tal como somos, con nuestras pobrezas, miserias y defectos, sobre todo con nuestra necesidad de ser levantados, perdonados y salvados. Con Jesús siempre hay una oportunidad de volver a empezar. Nunca es demasiado tarde, siempre existe la posibilidad de recomenzar porque Él está cerca de nosotros, porque Él nos espera y no se cansa jamás de nosotros.
Por eso, en este tiempo de Adviento que nos prepara a celebrar el nacimiento de Dios hecho hombre en un niño en Belén, escuchemos el llamado de Juan Bautista a volver a Dios y no dejemos pasar este tiempo como los días del calendario, porque este es un tiempo de gracia también para nosotros, ahora y aquí.