La Fiesta de la Divina Misericordia

El primer domingo después de la Pascua, la Iglesia celebra la Fiesta de la Divina Misericordia, cuya imagen se difundió por todo el mundo después de que el mismo Señor se revelara a Santa Faustina en 1931 en Polonia.
11 novembre 2025 · Misión Católica de Lengua Española Biena y región
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Felipe
Almeida Costa

El corazón de Jesucristo es el lugar donde experimentamos la misericordia, quien se compadece de nuestras debilidades, ya que Él mismo fue puesto a prueba en todo como nosotros, excepto en el pecado (cf. Hb 4,15). Por lo tanto, Cristo nos acoge en Su Misericordia, en el trono de Su corazón, viniendo a nosotros, como Él mismo dijo a Santa Faustina: “No tengas miedo, alma pecadora, de tu Salvador; Yo soy el primero en acercarme a ti” (Diario 1.485).

Necesitamos estar dentro del corazón misericordioso de Jesús, que siempre está abierto y accesible para todos y podemos percibir esta realidad cuando Nuestro Señor le dice a Santa Faustina: “Mi misericordia es más grande que tu miseria y la del mundo entero. ¿Quién ha medido Mi bondad? Por ti bajé del cielo a la tierra, por ti dejé clavarme en la cruz, por ti permití que Mi Sagrado Corazón fuera abierto por una lanza, y abrí la Fuente de la Misericordia para ti.” (D. 1.485).

Jesús no hace acepción de personas para derramar Su Misericordia redentora. Se empeña en llamar a excluidos y pecadores (Cf. Marcos 2,17), involucrando a todos en Su plan salvífico. De esta manera, Cristo no hace distinción para manifestar Su misericordia, que es para todos. Sin embargo, a menudo nos apartamos de la misma cuando insistimos en el sentimiento de culpa, que nos hace bloquear Su acción en nosotros, ya que quedamos paralizados por culpas relacionadas con lo que hicimos y lo que no hicimos a lo largo de nuestra vida.

Necesitamos estar dentro del corazón misericordioso de Jesús, que siempre está abierto y accesible para todos.

En la Catequesis del Papa Francisco, el 10 de septiembre de 2014, él dijo: “Es la misericordia, la que cambia el corazón y la vida, es la que puede regenerar a una persona y permitir que ella se inserte de nuevo en la sociedad”. Sabemos que Jesús es esa misericordia que transforma los corazones, pero necesitamos convencernos interiormente de esta verdad y ponerla en práctica en nuestra vida.

Que, de la Madre de la Misericordia, la Virgen María, nos guíe en esta "misericordia que se extiende, de generación en generación" (Lucas 1,50), para que, como su Hijo Jesús, podamos testimoniar con la vida lo que profesamos por la fe.

"¡Jesús, en Ti confío!"

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