No sé si nos hemos dado cuenta que el mundo actual, del cual todos somos parte, apunta cada vez más al secularismo, y lo hace de una manera tan sutil que corremos el riesgo de que un Niño llamado Jesús ya non sea el motivo visible de la Navidad y mucho menos que su presencia en nuestras vidas.
La Navidad es una celebración de la vida. Es la celebración que nos provoca la buena noticia que Dios nace entre nosotros y que nosotros renacemos con Él. La alegría de la Navidad nace con un niño en un pesebre, una celebración que nos hace renacer y recrear nuestra propia vida, la comunidad y la sociedad misma.
En el niño del pesebre resplandece la luz y el amor de Dios, de ahí la felicidad que como cristianos vivimos por el nacimiento de Jesús.
Dice Anselm Grün: “La alegría es la característica fundamental de todos los villancicos. El nacimiento de un niño es siempre causa de alegría, pero cuando Dios se hace humano, se realiza en nosotros algo de extraordinario. Sabemos que ya nunca mas estaremos solos en la tierra, que, si esta tierra es nuestra patria, es únicamente porque Dios mismo está con nosotros. En Jesús, Dios recorre todos los caminos con nosotros. Nuestra vida ha sido transformada para siempre. La luz de Dios brilla en nuestras tinieblas”.
Las fiestas navideñas nos pueden no solo ayudar a vivir nuestra realidad con esperanza y unidos con Dios en la intimidad del encuentro con Él y también de unos con otros, sino también a invertir nuestras energías en el cuidado de las personas vulnerables y expuestas, y así recrear nuestras relaciones humanas atendiendo a los ancianos y enfermos; a las familias probadas por el desempleo: a los adolescentes desconcertados y confundidos que se encuentran en la búsqueda de su identidad, etc., siendo este contexto el que nos da una oportunidad para generar nuevas relaciones humanas.
La Navidad entonces nos da la alegría para recrear un futuro de solidaridad y fraternidad humana, porque el amor que fluye en los corazones humanos es mucho mas grande que las tragedias que nos circundan, renacer y recrear un mundo nuevo porque Dios está con nosotros y no nos abandonara jamás.
Que esta Navidad traiga a nuestras vidas a quien realmente necesitamos: a un Dios hecho Niño en la persona de Jesús.
Unidos espiritualmente por la oración les deseo a todos una ¡MUY FELIZ NAVIDAD!