Que todos seamos hermanos

Partiendo de la premisa que es la caridad la que posee un dinamismo universal capaz de construir una sociedad nueva, es solo a través del respeto a las personas lo que nos hace amar el bien común y nos lleva a buscar el bien de los demás, considerados no solo individualmente sino también en la dimensión social que las une.
11 novembre 2025 · Misión Católica de Lengua Española Biena y región

La gratuidad existe y se puede impulsar de manera mutua y recíproca, porque es la capacidad de hacer algunas cosas porque sí, porque son buenas en sí mismas, sin esperar ningún resultado exitoso, sin esperar inmediatamente algo a cambio.

Es la solidaridad que experimentamos en una comunidad la que nos ayuda a acercarnos, a expresarnos y a escucharnos, a fin de poder conocernos mejor, buscando puntos de contacto, que se potencian y concretizan en la apertura al diálogo, de ahí que el bien común requiera del consenso, de una cultura del encuentro, que busque puntos de contacto y que tienda puentes que nos incluya a todos.

La amistad social entonces se hace posible desde la amabilidad, tratando bien a los demás, y como dice el Papa Francisco, “decir permiso, perdón y gracias”.

Como comunidad estamos llamados a crear espacios de escucha que rompan la indiferencia, donde el cultivo de la amabilidad no es un detalle menor ni una actitud superficial o burguesa, ya que facilita la búsqueda de consensos y abre caminos donde la exasperación destruye todos los puentes, de ahí la necesidad de esforzarse cada día por todo esto a fin de crear una convivencia sana que venza las incomprensiones y prevenga los conflictos.

Tenemos que aprender a crear caminos de reencuentro, cada uno desde su competencia, lo que implica recuperar el valor del perdón, y donde el aporte de las experiencias de fe, la búsqueda sincera de Dios, el respeto y la fraternidad, no deben ser empañados con nuestros personales intereses.

Como creyentes tenemos que volver siempre a la fuente de lo esencial que debe guiar siempre nuestras vidas: el amor a Dios y al prójimo.

San Vicente de Paul decía: “El amor cristiano es un amor por el que se aman unos a otros por Dios, en Dios y según Dios, es un amor que hace que nos amemos mutuamente por el mismo fin por el que Dios ama a los hombres, que es para hacerlos santos en este mundo y bienaventurados en el otro; por eso, este amor hace que miremos a Dios y no miremos mas que a Dios en cada uno de los que amamos”.

Al final de cuentas, nadie puede contradecir que la entrega es el mejor signo del amor. El mismo Jesús nos decía: “Todos ustedes son hermanos, y eso es lo que propiciamos y defendemos al hacer efectiva la caridad”.

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