Papa Francisco y el camino de la verdadera felicidad …

“La búsqueda de la felicidad, afirma el Papa Francisco, es algo común en todas las personas, de todos los tiempos y edades” porque ha sido Dios quien ha puesto “en el corazón de todo hombre y mujer un deseo irreprimible de la felicidad, de la plenitud”.

Nuestros corazones están inquietos y en continua búsqueda de un bienestar que pueda saciar su sed de infinito, nostalgia invisible de Aquel que nos ha creado y que es Él mismo, el amor, la alegría, la paz, la belleza y la verdad.

El camino de la felicidad comienza contra corriente: es necesario pasar del egoísmo al pensar en los demás, vencer la tentación de encerrarse a sí mismo, de aislarse, creyéndose autosuficientes, porque todos tenemos necesidad de fraternidad y así la vida tiene sentido cuando buscamos el bienestar del prójimo deseando la felicidad de los demás.

La felicidad no es algo que se compra en el supermercado, la felicidad viene solo de amar y dejarse amar, por eso la verdadera alegría no viene de la posesión de las cosas, de tener, al contrario, nace del encuentro, de la relación con los demás, nace del sentirse aceptado, comprendidos, amados y del aceptar, comprender y del amar.

Y este camino de la alegría tiene que tener también un sentido del humor, es decir, saber reírse de las cosas, de los demás y de uno mismo es profundamente humano, nos recuerda el Papa Francisco, es una actitud cercana a la gracia, y sin perder el realismo, uno se vuelve capaz de iluminar a otros con espíritu positivo y lleno de esperanza.

Y si nuestro corazón está lleno de ira y rencor no hay lugar para la felicidad, y el que no perdona se hace daño a si mismo, ante todo, porque el odio genera tristeza, de ahí que la raíz de nuestra alegría está en comprender que Dios nos perdona.

El Papa nos invita a experimentar la alegría de trabajar con otros y por los otros para construir un mundo más justo y fraterno, tratando de vivir las labores de cada día en el espíritu de las Bienaventuranzas, siendo este el camino de la verdadera felicidad que nos indicó Jesús.

Ahora bien , también es cierto que el camino hacia la alegría se ve dificultado por las pruebas y los fracasos de la vida que llevan al desaliento, y entonces para no perder la esperanza y no rendirse, se hace necesario perseverar en la oración y nunca caminar solos, porque la oración cambia las cosas y cambia también nuestro corazón, no olvidándonos que siempre hay alguien en la vida que nos ayuda a levantarnos, por lo tanto, la felicidad es escuchar a Dios que nos dice: “Tú eres importante para mí, te amo, cuento contigo”.

Padre Marcelo